Me duelen las branquias de respirar tu ceniza
pues el legado que dejaste es muerte en polvo
que va obstruyendo cada centímetro de mi tráquea
raquítica, cansada...
de creer todo un lujo tu ritmo cardiaco.
Inundada de tus flujos o de tus desaires,
muda ante el espejo que te reflejaba
a mi lado,
aquí sigo, conmigo, yo rota, yo fea, yo maniatada...
desquicie de seis de la mañana.