miércoles, 29 de febrero de 2012

Monólogo interno a ritmo de fru-frú.

Antes solía escribir a menudo, cuando era yo sola,
o cuando estaba con alguien y me sentía sola porque igualmente lo seguía estando.
Siempre necesité de tinta y X para conversar, más allá de la vocecilla que me taladra la cabeza.
Y entonces llegaste, de repente, muchos años después de que empezara a ¿buscarte?.
Y después me quisiste. Nos quisimos. A veces. Y nos odiamos como animales.
Durante ese tiempo dejé de escribir porque todo lo que pensé te lo dije, y ese fue luego, en parte, mi gran error.
Ahora estoy lejos de casa, de ti y más aún de mis viejos papeles.
Celebro no disponer de lodo añejo en el que revolcarme.
Mas aún no sé cuánto maldigo que tú no estés aquí. Olvidarlo todo. Y revolcarnos juntos.

Puede ser, pienso a veces, que fueras sólo una piedra en el camino, y que éste siga hacia delante.
Puede ser que cada vez te recuerde menos a menudo, menos nítido...
Excepto en las noches frías.

domingo, 26 de febrero de 2012

Vivir o padecer(te). Síntomas de una adicción.

{Día y noche fumándote a besos,
tragando tus suspiros verdes, escupiéndote algún verso de esos;
el humo es la constante que vaga en tu boca,
y el juego no funciona si te apagas.
No puedo evitar que me tiemblen las bragas...}

...

Dicen que a menudo y en muy grandes cantidades me matas
cuando malas y putas me las haces pasar;
sé con lo que cuento (con mi go), no es sólo que estés dentro:
me llenas, me rabias, me relajas...
Según el momento
tiro p'alante repitiéndome memento mori
y principios de química volcánica;
no entiendo tu ciencia
pero sí el Arte
que fluye, crea y toma parte entre tú y yo, (ya no "nosotros")
Artificio.
H.i.p.ó.c.r.i.t.a. el primero
que se atreva a negarlo,
creo inútil ignorarlo
si aun ayer volví a probarlo
y te aspiro, y me ciega...

Maldita primavera, daría lo que fuera por que a ti no me oliera...

Me sales tan caro en sentimientos encontrados
que pienso demasiado a menudo en dejarlo;
y
nada
porque
hoy
te daría otra calada,
estoy enganchada a tu aroma, me vicia
tu savia,
tibia,
envenenada...
Joder, ¡qué ganas!

Son especiales tus especias salivares, si me hacen espaciales las mañanas
qué-quieres-que-quiera;
tu boquilla de cartón
y un corazón de piedra
pa' dejar de ser una hiedra loca
(por ti),
reescribir desde algún punto
el puto cuento de mi vida, psicodelia rara,
dominar la angustia y el frenesí que me dominan,
pues si te busco te encuentro...
Y me las hago pa' liarte,
pero luego rulas.
Y te vas.

(Sábanas mojadas y pestazo a marihuana,
es todo lo que dejas atrás.)


{... Ya no me adulas, ni me cuentas tus películas,
bueno, murió la crédula que se tragaba tus póstulas, fui petulante y lo sé...
Así que adiós y poco más, hazte unas posturas y disfruta del caché, chapeau a tu paripé,
cualquier señal de amor es póstuma, pues el sano se fue.}



Y de vez en cuando aún lloro, o río, o ambas a la vez,
y me perdono a mí misma por sufrir los síntomas de una dependencia tan cruel:
Corre tanta mierda por tus venas que era naturalmente imposible que no sucediera.

jueves, 23 de febrero de 2012

Disturbios aquí y allá.

Hay momentos en que preferiría no tener que mirar a los ojos, escribir mi mensaje en un papel y ponerlo en la mano de ese alguien, ta llueu; pero parecer aún más demente podría ir en contra de mis otros intereses. Quizás es que en ocasiones mi vida interna absorbe mi parte social, algo que me ha supuesto años de inútil disertación mental: oye, cada uno es como es. Yo lo llevo bien desde que aprendí que tengo que convivir conmigo hasta que la muerte nos separe.
Por otro lado, la cuestión es que algunos írises son extremadamente difíciles de seguir, impracticables e infranqueables. Y cuando pretendes engancharte a su extraño compás se descuelgan, como si la masa acuosa e inmensa que contienen se derramara por el suelo interrumpiendo la conversación -¡ponte tú ahora a recoger cristales rotos! Brrrr...-.
Diría incluso que me gusta luchar contra mi propio impulso de apartar la vista, y mira que me cuesta, pero frivolizar siempre se me ha dado bien y es una de esas habilidades mías que pretendo dejar estancadas por un tiempo. Cococooontradicción es la constante.
He de innovar mis consignas. Algunas.

lunes, 6 de febrero de 2012

Desamor para desayunar.

Recuerdo que nada más despertar gustaba de quedarme en silencio, acurrucada contra tu cuerpo caliente,
disfrutando del primer halo de luz entrando por mis pupilas y antes, por las rayitas de la persiana.
Qué momento más placentero, ahí junto a ti, en zumbido y calor mañanil;
justo antes de que, como por invocación abrieras los ojos marrones, de almendra, me miraras lo primero, y amaneciera un día más.