o cuando estaba con alguien y me sentía sola porque igualmente lo seguía estando.
Siempre necesité de tinta y X para conversar, más allá de la vocecilla que me taladra la cabeza.
Y entonces llegaste, de repente, muchos años después de que empezara a ¿buscarte?.
Y después me quisiste. Nos quisimos. A veces. Y nos odiamos como animales.
Durante ese tiempo dejé de escribir porque todo lo que pensé te lo dije, y ese fue luego, en parte, mi gran error.
Ahora estoy lejos de casa, de ti y más aún de mis viejos papeles.
Celebro no disponer de lodo añejo en el que revolcarme.
Mas aún no sé cuánto maldigo que tú no estés aquí. Olvidarlo todo. Y revolcarnos juntos.
Puede ser, pienso a veces, que fueras sólo una piedra en el camino, y que éste siga hacia delante.
Puede ser que cada vez te recuerde menos a menudo, menos nítido...
Excepto en las noches frías.

