Suelo subirme a la parra y sacar conclusiones,
y mirar al horizonte blanco
de la arista del techo de mi habitación,
y fumar...
Y pensarte. Y caer al suelo. Y quedarme en blanco.
Ayer el cristal me engañó
con que el cuerpo no pesaba,
que el tiempo no pasaba,
y hoy voy con la boca seca
callejeando como un felino mojado.
Últimamente todo me da qué pensar
para bien o pa muy mal,
y gozo de la nocturnidad
en el viejo diván
acompañada de Nacho Vegas,
venida arriba sólo por el humo del tabaco
y algún que otro chute de azúcar.
Me duele compartirme...
Nuevos planes, idénticas estrategias.
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