Por otro lado, la cuestión es que algunos írises son extremadamente difíciles de seguir, impracticables e infranqueables. Y cuando pretendes engancharte a su extraño compás se descuelgan, como si la masa acuosa e inmensa que contienen se derramara por el suelo interrumpiendo la conversación -¡ponte tú ahora a recoger cristales rotos! Brrrr...-.
Diría incluso que me gusta luchar contra mi propio impulso de apartar la vista, y mira que me cuesta, pero frivolizar siempre se me ha dado bien y es una de esas habilidades mías que pretendo dejar estancadas por un tiempo. Cococooontradicción es la constante.
He de innovar mis consignas. Algunas.
He de innovar mis consignas. Algunas.