lunes, 6 de febrero de 2012

Desamor para desayunar.

Recuerdo que nada más despertar gustaba de quedarme en silencio, acurrucada contra tu cuerpo caliente,
disfrutando del primer halo de luz entrando por mis pupilas y antes, por las rayitas de la persiana.
Qué momento más placentero, ahí junto a ti, en zumbido y calor mañanil;
justo antes de que, como por invocación abrieras los ojos marrones, de almendra, me miraras lo primero, y amaneciera un día más.