disfrutando del primer halo de luz entrando por mis pupilas y antes, por las rayitas de la persiana.
Qué momento más placentero, ahí junto a ti, en zumbido y calor mañanil;
justo antes de que, como por invocación abrieras los ojos marrones, de almendra, me miraras lo primero, y amaneciera un día más.